Las alucinadas que deja el 2013 (primera parte)


No hay año nuevo sin recuento. Y el mío tiene de todo: política, economía, tecnología, finanzas, espectáculos, deportes, internacional y un bonus track personal (o sea, algo de mi vida no pública). Aquí van los primeros cuatro puntos de mi ranking:

1. Política

Comencemos por el patito feo y la obviedad: el bendito caso López Meneses.

Este revivido ‘exoperario montesinista’ tiene para rato en los titulares de nuestros queridos/odiados medios.  Aunque Chema Salcedo diga que no deberíamos llamarlo así (lo escuché la semana pasada con mis propios oídos) porque fue absuelto del cargo de tenencia ilegal de armas por -oh, coincidencias- el actual abogado de Alberto Fujimori , López Meneses es medianamente importante no solo por haber provocado una (divertida) teoría fujimontesinista-nacionalista, sino porque el presidente Humala sacó cuerpo con una frase que generó todo tipo de repercusiones:

De hecho, creo que el rebote más estúpio debió ser este:

‘Reina Pachas’ reclama a Ollanta Humala por robarle el término ‘basura’

Y con su “no sé nada”, pues trae recuerdos de otras declaraciones de un expresidente (léase, que ahora en la cárcel). Dice desconocer mayormente, pero el 60% de los peruanos no le cree (según Datum).

Por supuesto, estamos lidiando con dos “no sabía nada” completamente distintos. No se hagan ideas. Y pese a la salida de ministros, comisiones investigadoras y demás artilugios de imagen institucional, este lío nunca se aclarará -mi predicción a lo Josie Diez Canseco- y será una sombra que los medios usarán en el próximo especial “Lo que dejó el Gobierno de Ollanta Humala”, a emitirse en el 2016.

Otros momentos de la política para no olvidar: las protestas por ‘la repartija’ (que terminaron fregando, ¿por error?, la elección del nuevo directorio del Banco Central de Reserva), los dimes y diretes de Alan García y la Megacomisión, y el desafuero de Michael Urtecho del Congreso por el recorte de sueldos a sus trabajadores.

2. Economía

Acá me la ponen difícil. Pero creo que todo lo que tenga que ver con Petroperú ha sido el tema del año: desde el coqueteo con Repsol hasta la recientemente promulgada ley para la modernización de la refinería de Talara y, con eso, una nueva fuente de financiamiento que hará del capital privado un 49% de su accionariado actual.

A ver, aquí hay dos cosas: solo porque los privados participarán de los títulos de Petroperú no quiere decir que tengan voto en el directorio y, dos, el ministro Castilla disfrazó muy bien lo de “no se tocará ni un centavo de los peruanos” para la modernización de Talara.

Siguiendo una reflexión de Jorge González Izquierdo, no hay que olvidar que el Estado -según la ley propuesta por el Ejecutivo- será garante de las deudas de Petroperú hasta por un máximo de US$ 1,000 millones para hacer de Talara un negocio digno. Si bien puede verse como una obligación del Estado (es una empresa pública), esto sería algo así como la prueba de fuego para las finanzas de la petrolera y debería vigilarse bien. El ministro Merino dice que ahora “jugaremos en las grandes ligas” de las petroleras, pero con todo lo atrasado que estamos, fácil entraremos a esa cancha como en el 2025 😛

Otros temas económicos del año: la súper-gran apuesta del Gobierno de Humala para revitalizar la economía inició operaciones (léase, Toromocho), el chongo de la reforma de las AFP y Perú como sede del Foro Económico Mundial para América Latina.

3. Tecnología

Aquí voy a mezclar un poco de finanzas con gadgets. Nokia, BlackBerry y Apple. Así, en ese orden. La empresa que fabricó el primer celular que conocí en mi chiquititud pasó a ser de Microsoft en una operación sin precedentes en esta industria: estuvo valorizada en 200 mil millones de euros y fue comprada por un 2.5% de su valor (5.4 mil millones de euros). ¡Qué carajos! Sigue leyendo

Elecciones por un mamarracho municipal: ¿Y dónde está Marco Tulio?


“Se acaba esta vaina y yo me retiro para estar en mi tranquilidad…”

Marco Tulio Gutiérrez

Abogado promotor de la revocatoria

Esta vaina, el proceso de revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán y sus regidores, ya se acaba. Mañana, los limeños irán a marcar un papelito para que no les pongan multa o, a quienes no les interesa un pepino botar S/.74 (ojo, no hay nada de malo con eso), simplemente no irán. También estarán los que mirarán el papel, lo doblarán y ya, a la urna.

Marco Tulio, el abogado conocido por varios medios como un especialista en temas municipales, finalmente no logró que Villarán se fuera de la municipalidad, pero quedaron 22 cupos libres para ser ocupados por otros regidores. Hoy me pregunté por qué diablos ya no sale a hablar -con la verborrea que le caracteriza– y por qué ya nadie lo busca.

Encontré, googleando su nombre, que en realidad sí había sido protagonista de un titular ayer, en El Comercio: “Marco Tulio Gutiérrez dice que votará viciado en elecciones del doming”.

O sea, como bien ya lo había advertido en el audio anterior, “se acaba esta vaina y me voy”. ¿Hay que ser un poquito conchudo, no? Porque claro, promover una revocatoria para no proponer nada a cambio es muy sensato y debería ser apoyado por todos, algo que seguro pensaron los 1,320,953 limeños que votaron por el ‘Sí’. O tal vez soy solo yo, un poco fastidiada por una de sus declaraciones en la nota de El Comercio:

“[…] indicó que no se arrepiente del proceso de revocación que inició, aunque no pensó en la nueva elección de regidores pues ‘la posibilidad era elegir un nuevo alcalde'”

Entiéndase: “No lo cagué porque fueron ustedes, limeños, los que votaron mal y arruinaron mi plan perfecto en el que la alcaldesa y los regidores, todos juntos, se iban. Así que no me arrepiento porque acá yo no hice nada”. #Givemeafuckingbreak

IMAPE

Si hubiera una sola cosa que pudiera preguntarle a Marco Tulio, sería si finalmente le funcionó el plancito de hacer que su Instituto Peruano de Administración Municipal (IMAPE) tuviera más “presencia”. ¿Habrá logrado aumentar las matrículas? ¿Habrá conseguido la plata que quería para abrir otro local?

Porque con esta web hasta el perno y todos los links rotos que tiene, no tengo idea de quién iría a estudiar allí. Y si alguien está relacionado con este instituto de alguna manera, creo que debería huir lo más rápido que pueda 🙂

imape

¿Una tercera votación?

No pude votar en las elecciones del 17 de marzo porque estaba a muchos, muchos kilómetros del Perú. Pero mañana votaré porque no hay manera de que contribuya a que haya una tercera votación.

Me explico: Manuel Tuesta, exjefe de la ONPE, tuvo la amabilidad de avisar, a todos nosotros que no sabemos nada sobre normas electorales, que si dos tercios del total de votos hábiles resultan ser blancos, nulos o viciados, esta elección se declarará nula y tendrá que haber otra más.

¿Importa por qué agrupación política votemos? Honestamente, si Villarán no ha sido revocada, ¿qué más podemos hacer sino continuar con lo que ya se está haciendo en esta gestión hasta el 2014? Hay obras sin terminar, concesiones por entregar y se está acabando el tiempo. Ninguna gestión termina nunca lo que se propone y esta tampoco será la excepción, pero fregar más a Villarán hará que lo avanzado sea 10% en lugar de al menos un 5% más.

Porque quien debería dar una alternativa de gobierno (en mi mundo) debería haber sido Marco Tulio, desde un comienzo. Es un derecho democrático pedir la revocatoria de una autoridad, pero la misma ONPE dice que no hay “motivos legales”, pero que estos deben estar fundamentados “sin pedir pruebas”. ¿Qué es esto?

Fin del cuento. Me voy a ser feliz, offline hasta mañana 🙂

Memorias: Cuando ingresé a la universidad…


En julio pasado terminé lo que inicié hace siete años. Leyeron bien: s-i-e-t-e años. El mundo real no te hace las cosas tan fáciles como te lo imaginas a los 17, y entre esas cosas está la universidad.

(Ya) no me quejo, la verdad. La disfruté, la odié y le guardo cariño: algo así como un ex con el que pudo ser pero no fue y, bueno, igual hoy eres feliz y aprendiste harto. Así que hace unas horas tuve una epifanía (exagero, pero por ahí va). Estuve leyendo varias cosas sobre la OPI de Twitter en mi smartphone camino a una reunión y me dije: “¿Qué coño estaría haciendo hoy si no fuera por mi smartphone y mi curiosidad por Twitter como empresa?”

Y no sé por qué, pero me acordé de algunas cosas que en el 2006 no existían (o que no sabía que existían), que vi por primera vez y otras más que ya dejaron de existir desde entonces. Aquí vamos:

(mercadolibre.com.ar)

(mercadolibre.com.ar)

Cuando ingresé a la universidad…

1. El dólar estaba como a S/. 3.20. Y un año después aún no bajaba de S/. 3. Ahí tuve mi primer empleo (en dólares). Era un mundo feliz.

2. Los BlackBerry eran la voz y nunca imaginé que podría comprarme uno. Nadie concebía lo que sería Android.

3. Samsung era una marca que conocía solo por sus electrodomésticos.

4. No había Facebook ni Twitter y todos mis amiguitos usaban Messenger y Hi5.

5. Gmail era muy “elite” (/ɪˈliːt eɪ-/) como para interesarme en abrir una cuenta.

6. Escuchaba La Ley y estaba saliendo de mi onda punk peruano Inyectores-Diazepunk y empezaba a conocer La Sarita. Me enamoré de Tool (1990) y A Perfect Circle (1999). Yellowcard, Panic at the Disco, My Chemical Romance eran nombres que sonaban en MTV (creo que aún veía MTV).

7. Mi primer trabajo de argumentación tenía que ver con el etnocacerismo y cómo Ollanta nunca llegaría a ser presidente con esa “ideología”.

8. La “cultura chicha” era el tema central de debate en mi clase de Sociología. Fuera de clase era el Mundial en Alemania.

9. No tenía edad para votar. No entendía por qué Alan García eran tan aclamado.

10. Nadie hablaba nada sobre cosas ‘2.0’ ni social media. 

11. Tenía un blog que se llamaba En touchant les mots en Blogspot donde escribía textos larguísimos con más boludeces pseudoliterarias de las que se podrían imaginar jamás : )

12. Work and Travel era la fuente de primer trabajo más popular entre mis amiguitos (aunque yo no tenía plata ni para la visa).

13. Usé una Mac por primera vez. Los iPods eran enormes, aún se usaban los diskettes e Internet Explorer era todo lo que había (y nos encantaba).

Para cerrar, el primer video viral de  la época (según yo): EDGAR CAE AL AGUA. ¿Se acuerdan?

La pedofilia ignorada, Cipriani y #UniónCivilYa


Estas dos semanas me he dedicado a lecturas para mi tesis, que espero tener lista para el próximo año (#pinkypromise). Pero ahora tengo que hacer un break porque una entrevista a Diego García Sayán, de Emilio Camacho, me ha llamado (mucho) la atención. Y la aprovecharé para compartir algunas cositas que he observado sobre la aclamada/odiada iniciativa legislativa a favor de la unión civil de homosexuales.

(Foto: Peru21.pe)

(Foto: Peru21.pe)

Primero, al fin alguien dice tres cosas con las que estoy de acuerdo plenamente:

Nada me hace hervir más la sangre que alguien intolerante, que hace afirmaciones arbitrarias, que descalifica a la comunidad gay como él (Cipriani), con los términos más inaceptables.

La Fiscalía está en la obligación de tocar todas las puertas. La gravedad está en dos niveles. Primero, que haya un caso que aparentemente la justicia no ha podido investigar y, segundo, que la jerarquía de la Iglesia se haya puesto de perfil frente a ello. (Sobre la acusación de pedofilia del exobispo de Ayacucho Gabino Miranda)

Lo que tenemos en el fondo, más allá del proyecto [de unión civil de homosexuales], es una corriente en el mundo que busca enfrentar la discriminación, en todo sentido. Cuando analizas la historia, y ves como se fue dando saltos para superar la discriminación, siempre se hizo frente a una cantidad enorme y a veces mayoritaria de prejuicios.

En la entrevista, García Sayán marca una distancia entre odiar a Cipriani y rechazar sus posturas. Válido, pero bien díficil de hacer, especialmente cuando las emociones se apoderan de uno en temas tan cercanos como la unión civil de homosexuales. Y digo “cercanos” porque, afrontémoslo, ¿quién no conoce a alguien gay? Ahora, tampoco digo que si no conoces a nadie gay, entonces este asunto “debe darte igual”. Es un debate real y afecta(rá) las relaciones de toda la sociedad.

Beto Ortiz lo deja bien clarito en una columna que me gustó mucho. Y señaló algo duro de aceptar: Carlos Bruce, el autor del PL 2647, que busca legalizar esta unión civil, respondió con un estereotipo jodido cuando Cipriani “lo acusó” de ser gay por promover una ley a favor de ellos: “¡Esta es una bajeza!”

Me dio mucha pena leer esto en la columna de Ortiz, porque no tenía idea de que esa había sido su respuesta. Bruce, o cualquiera de los que defendemos esa iniciativa, pudo haber dado una mejor respuesta y dejar a Cipriani sin palabras.

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Desde Sudáfrica: “Madiba y yo”


“No one is born hating another person because of the color of your skin”

(soutafrica.net)

(soutafrica.net)

Racismo. Ha cobrado vidas en todas partes. Sobrevive al tiempo, en las naciones más y menos desarrolladas. Algunos no la han vivido nunca. Otros lo llevan dentro y se les “sale” en los momentos menos esperados. No es un odio que va por una sola vía. El racismo no distingue nada, aunque parezca irónico.

La salud de Nelson Mandela ha sumido a Sudáfrica en una situación que, para muchos, puede ser solo el curso natural de la vida: a la vejez le sigue la muerte. Pero para quienes vivieron el Apartheid no es así de simple.

Para entender mejor este asunto, les presento a Lerato Madiseng . Ella es sudafricana (*) y participó en el 16th World Business Dialogue, en marzo pasado. Ahora, está colaborando con un proyecto -aún en pañales- que hemos llamado Blog Down The Borders. Escribió un post que tituló Madiba and I  y es lo más cercano a un testimonio de lo que su generación podría estar sintiendo en un país tan lejano de Perú. Por eso, lo traduje aquí:

Madiba y yo

Nelson Mandela, Nelson Mandela, ha o na yo a swanang le wena 

Estas son las palabras de una canción que aprendí cuando empecé a hablar. Están en mi idioma nativo, sepedi, una de las once lenguas oficiales de Sudáfrica. Traducido al español, significa: “Nelson Mandela, Nelson Mandela, no hay nadie como tú”. Mis amigos y yo solíamos cantarla en pre-escolar y aunque muchos de nosotros nacimos (en 1989) durante el Apartheid, realmente no comprendíamos el verdadero peso de esas palabras.

Uno de mis recuerdos más vivos de la infancia sobre Tata Madiba (tata = padre en Xhosa) es cuando apareció en televisión y mi papá comenzaba este juego que llamaba “nombra al político”. “¿Quién es ese en la TV?” y “¿quién es ese que está detrás de él?” Luego, mis padres me dijeron que Nelson Mandela era importante. Mi recuerdo de este momento es tan fresco porque fue la primera vez que les pregunté (con la intención de no olvidar su respuesta): ¿Pero por qué?”

Fue el comienzo de la relación con el padre que nunca he conocido pero que he querido tanto. En primaria, siempre celebrábamos el cumpleaños de Nelson Mandela.  Hacíamos tarjetas de cumpleaños para él que nunca leería y le agradecíamos por ser nuestro presidente. Mi mamá y yo llamábamos a una estación radial una vez para que pudiera cantarle una canción en vivo. Nunca tomaron mi llamada, había demasiados niños que también querían cantarle a Tata Madiba. Fue un periodo de mi vida en el que comencé a aprender sobre su sacrificio por Sudáfrica.

Fui a la escuela primaria en 1996, dos años después de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica. Mis padres decidieron inscribirme en un colegio que antes era exclusivo para niños blancos, así que en 1996, yo era una de los cinco estudiantes negros en una clase de 25 niños de primer grado, en un país donde el 79% de la población es negra.

Había una niña en mi clase cuyos padres le dijeron que se alejara de los niños negros. Realmente no entendía por qué nunca quería jugar conmigo. Con el pasar de los años, dejé de estar tan metida en números y letras y comencé a aprender sobre la historia de Sudáfrica. Fue ahí cuando empecé a darme cuenta de lo realmente importante que era Nelson Mandela.

Me di cuenta de que no estaría en mi colegio (que es excelente) si él no hubiera estado en prisión por 27 años. Entendí por qué esa niña no quería jugar conmigo o, más bien, entendí las razones por las que sus padres no la dejaban.

Mientras crecía -y dejé ser una niña-, busqué alejarme de las lecturas sobre Tata Madiba para pasar a entender su personalidad. Me cuestionaba quién podría quedarse en prisión por 27 años sin tener ninguna garantía de cambiar nada. Me confundía que este país no haya empezado una guerra civil cuando terminó el Apartheid.

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Canas everywhere


— ¿Te salió arriba o abajo?

— ¿Cómo que abajo? ¡Arriba pues!

— Dicen que ahí sale a los 50. Cuando eso me pase, me disparo en la sien.

(serafinosays.com)

(serafinosays.com)

Tras cinco horas del sueño más rico del año, entre las 8 de la noche y casi las 2 de la mañana, descubro mi primera cana de toda la vida. Larguísima, carajo. La puntita aún no estaba completamente teñida de blanco, pero eso era, una cana. Escandalizada, hice lo que cualquier persona en su sano juicio haría: postear en Facebook.

Pero como yo no tengo el juicio tan ajustado para esta épocas de social sharing (no le anuncio al mundo que mis días son buenos o malos cada dos horas), acudí a una amiga. Por WhatsApp, le di la mala noticia. “Ptm, es el fin. Me acabo de sacar una C A N A” (caritas llorosas).

Ella, tan experimentada -aunque realmente no lo es tanto-, se burla de mí y me dice: todos tienen canas. Yo tengo canas, fulanita las tiene, menganita tiene aún más.

Lo entiendo… Okay. No, miento. Mi bisabuela, a la que conocí prácticamente en su lecho de muerte (RIP), tenía como 90 años y su cabello era negro. NEGRO, por el amor de Dios.

En fin. Traté de explicarle que eso no tenía por qué estar en mis genes. “En mi familia las mujeres tienen canas cuando van llegando a los 30”. “Pero también es el estrés, la alimentación, etc.”, me dice mi amiga, quien -por si las dudas- es algunos meses menor que yo.

Me recomienda que acepte mi cana, la nutra y la críe. No, no tengo instinto maternal aún.

Teorías
Me pregunto si algo tendrá que ver esas 24 horas, previas a mi descubrimiento, en las que estuve despierta a punta de cafés y Red Bull (esa basura a veces me da alas). Las seis horas que debí dormir las usé para escribir como una desquiciada -al borde del aneurisma- justificando un proyecto que me garantice el egreso universitario.

Tal vez fueron muchas amanecidas. Siete años de mal sueño tienen que pasarte factura. Porque, aparte, ha sido “mal sueño” del rico y del feo, del que te toneas a morir y del que solo tienes cantidades exhorbiantes de cafeína en la sangre, una pantalla con teclado y tu cabeza (en guerra contra el tiempo).

¿Habrá sido el engaño del novio que fue, la decepción del que pudo ser o la ansiedad por el que jamás lo será? Ñam, tal vez es por las tres cosas.

No. Debe ser el trabajo… O los trabajos. Si algo de millennial tengo es eso: demasiados trabajos en un corto tiempo. Un privilegio que ahora ya parece más algo merecido (y no solo porque pronto tendré el cartón en la mano).

Retomo el diálogo del inicio. Un amigo me dice que se daría un disparo en la sien el día que tenga canas púbicas. Reflexiono. Hey, a las miles de décadas, no puede ser tan malo. “A los 50 años -le dije- creo que ya es justo tenerlas”.

Así, a las 2:30 de la mañana, después de lavarme los dientes y ponerme una pijama abrigadora, me arranco mi delatadora cana. A seguir durmiendo todo lo que pueda. Tal vez mi cabello no se dé cuenta de que el tiempo pasa si no abro tanto los ojos.

“Ahhhh ya qué chucha”, me dije antes de cerrar los ojos (de nuevo). Lo que sí creo, porque algo anticuada soy, es que las seguiré arrancando mientras pueda. Sorry folículos pilosos. My bad.