Desde Sudáfrica: “Madiba y yo”


“No one is born hating another person because of the color of your skin”

(soutafrica.net)

(soutafrica.net)

Racismo. Ha cobrado vidas en todas partes. Sobrevive al tiempo, en las naciones más y menos desarrolladas. Algunos no la han vivido nunca. Otros lo llevan dentro y se les “sale” en los momentos menos esperados. No es un odio que va por una sola vía. El racismo no distingue nada, aunque parezca irónico.

La salud de Nelson Mandela ha sumido a Sudáfrica en una situación que, para muchos, puede ser solo el curso natural de la vida: a la vejez le sigue la muerte. Pero para quienes vivieron el Apartheid no es así de simple.

Para entender mejor este asunto, les presento a Lerato Madiseng . Ella es sudafricana (*) y participó en el 16th World Business Dialogue, en marzo pasado. Ahora, está colaborando con un proyecto -aún en pañales- que hemos llamado Blog Down The Borders. Escribió un post que tituló Madiba and I  y es lo más cercano a un testimonio de lo que su generación podría estar sintiendo en un país tan lejano de Perú. Por eso, lo traduje aquí:

Madiba y yo

Nelson Mandela, Nelson Mandela, ha o na yo a swanang le wena 

Estas son las palabras de una canción que aprendí cuando empecé a hablar. Están en mi idioma nativo, sepedi, una de las once lenguas oficiales de Sudáfrica. Traducido al español, significa: “Nelson Mandela, Nelson Mandela, no hay nadie como tú”. Mis amigos y yo solíamos cantarla en pre-escolar y aunque muchos de nosotros nacimos (en 1989) durante el Apartheid, realmente no comprendíamos el verdadero peso de esas palabras.

Uno de mis recuerdos más vivos de la infancia sobre Tata Madiba (tata = padre en Xhosa) es cuando apareció en televisión y mi papá comenzaba este juego que llamaba “nombra al político”. “¿Quién es ese en la TV?” y “¿quién es ese que está detrás de él?” Luego, mis padres me dijeron que Nelson Mandela era importante. Mi recuerdo de este momento es tan fresco porque fue la primera vez que les pregunté (con la intención de no olvidar su respuesta): ¿Pero por qué?”

Fue el comienzo de la relación con el padre que nunca he conocido pero que he querido tanto. En primaria, siempre celebrábamos el cumpleaños de Nelson Mandela.  Hacíamos tarjetas de cumpleaños para él que nunca leería y le agradecíamos por ser nuestro presidente. Mi mamá y yo llamábamos a una estación radial una vez para que pudiera cantarle una canción en vivo. Nunca tomaron mi llamada, había demasiados niños que también querían cantarle a Tata Madiba. Fue un periodo de mi vida en el que comencé a aprender sobre su sacrificio por Sudáfrica.

Fui a la escuela primaria en 1996, dos años después de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica. Mis padres decidieron inscribirme en un colegio que antes era exclusivo para niños blancos, así que en 1996, yo era una de los cinco estudiantes negros en una clase de 25 niños de primer grado, en un país donde el 79% de la población es negra.

Había una niña en mi clase cuyos padres le dijeron que se alejara de los niños negros. Realmente no entendía por qué nunca quería jugar conmigo. Con el pasar de los años, dejé de estar tan metida en números y letras y comencé a aprender sobre la historia de Sudáfrica. Fue ahí cuando empecé a darme cuenta de lo realmente importante que era Nelson Mandela.

Me di cuenta de que no estaría en mi colegio (que es excelente) si él no hubiera estado en prisión por 27 años. Entendí por qué esa niña no quería jugar conmigo o, más bien, entendí las razones por las que sus padres no la dejaban.

Mientras crecía -y dejé ser una niña-, busqué alejarme de las lecturas sobre Tata Madiba para pasar a entender su personalidad. Me cuestionaba quién podría quedarse en prisión por 27 años sin tener ninguna garantía de cambiar nada. Me confundía que este país no haya empezado una guerra civil cuando terminó el Apartheid.

Su habilidad de ver lo bueno en los otros, incluso cuando ellos no podían verlo en sí mismos, su gran pasión por este país y su deseo de ver realidad su visión de tener una nación democrática, libre y que funcione bien debajo de un arcoiris simplemente desafía lo más profundo de mi ser.

Venció a la amargura, la rabia y el dolor para escoger la humildad, el perdión y la reconciliación por el bien del futuro de Sudáfrica. Mi vida, así como es -con las tantas oportunidades que he tenido el privilegio de aprovechar- es una consecuencia directa de su personalidad y sus acciones.

Lloraré el día en que finalmente fallezca. Serán, en su mayoría, lágrimas de tristeza pero también de felicidad de que haya llevado una vida tan ejemplar y que haya instalado en mí ese profundo deseo de tener un propósito en mi vida.  Nelson Mandela, Nelson Mandela, ha o na yo a swanang le wena. Realmente no hay nadie como él.

(*) Lerato es economista y tiene un máster en Economía Aplicada y Comercio de la Universidad de Ciudad del Cabo. Ha trabajado en Daimler y Mercedes-Benz, así como en varias investigaciones académicas sobre mercados en su país. Tiene 23 años y habla sepedi, inglés y alemán. Algún día será alguien súper importante y le pediré una entrevista :) 

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