Canas everywhere


— ¿Te salió arriba o abajo?

— ¿Cómo que abajo? ¡Arriba pues!

— Dicen que ahí sale a los 50. Cuando eso me pase, me disparo en la sien.

(serafinosays.com)

(serafinosays.com)

Tras cinco horas del sueño más rico del año, entre las 8 de la noche y casi las 2 de la mañana, descubro mi primera cana de toda la vida. Larguísima, carajo. La puntita aún no estaba completamente teñida de blanco, pero eso era, una cana. Escandalizada, hice lo que cualquier persona en su sano juicio haría: postear en Facebook.

Pero como yo no tengo el juicio tan ajustado para esta épocas de social sharing (no le anuncio al mundo que mis días son buenos o malos cada dos horas), acudí a una amiga. Por WhatsApp, le di la mala noticia. “Ptm, es el fin. Me acabo de sacar una C A N A” (caritas llorosas).

Ella, tan experimentada -aunque realmente no lo es tanto-, se burla de mí y me dice: todos tienen canas. Yo tengo canas, fulanita las tiene, menganita tiene aún más.

Lo entiendo… Okay. No, miento. Mi bisabuela, a la que conocí prácticamente en su lecho de muerte (RIP), tenía como 90 años y su cabello era negro. NEGRO, por el amor de Dios.

En fin. Traté de explicarle que eso no tenía por qué estar en mis genes. “En mi familia las mujeres tienen canas cuando van llegando a los 30”. “Pero también es el estrés, la alimentación, etc.”, me dice mi amiga, quien -por si las dudas- es algunos meses menor que yo.

Me recomienda que acepte mi cana, la nutra y la críe. No, no tengo instinto maternal aún.

Teorías
Me pregunto si algo tendrá que ver esas 24 horas, previas a mi descubrimiento, en las que estuve despierta a punta de cafés y Red Bull (esa basura a veces me da alas). Las seis horas que debí dormir las usé para escribir como una desquiciada -al borde del aneurisma- justificando un proyecto que me garantice el egreso universitario.

Tal vez fueron muchas amanecidas. Siete años de mal sueño tienen que pasarte factura. Porque, aparte, ha sido “mal sueño” del rico y del feo, del que te toneas a morir y del que solo tienes cantidades exhorbiantes de cafeína en la sangre, una pantalla con teclado y tu cabeza (en guerra contra el tiempo).

¿Habrá sido el engaño del novio que fue, la decepción del que pudo ser o la ansiedad por el que jamás lo será? Ñam, tal vez es por las tres cosas.

No. Debe ser el trabajo… O los trabajos. Si algo de millennial tengo es eso: demasiados trabajos en un corto tiempo. Un privilegio que ahora ya parece más algo merecido (y no solo porque pronto tendré el cartón en la mano).

Retomo el diálogo del inicio. Un amigo me dice que se daría un disparo en la sien el día que tenga canas púbicas. Reflexiono. Hey, a las miles de décadas, no puede ser tan malo. “A los 50 años -le dije- creo que ya es justo tenerlas”.

Así, a las 2:30 de la mañana, después de lavarme los dientes y ponerme una pijama abrigadora, me arranco mi delatadora cana. A seguir durmiendo todo lo que pueda. Tal vez mi cabello no se dé cuenta de que el tiempo pasa si no abro tanto los ojos.

“Ahhhh ya qué chucha”, me dije antes de cerrar los ojos (de nuevo). Lo que sí creo, porque algo anticuada soy, es que las seguiré arrancando mientras pueda. Sorry folículos pilosos. My bad.

Un pensamiento en “Canas everywhere

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