Brasil: los desafíos que le esperan a Dilma Rousseff


La abierta preferencia del presidente Lula da Silva hacia Dilma Rousseff me hizo recordar ciertas reclamaciones que se le hicieron al presidente Alan García y al ex-alcalde de Lima, Luis Casteña Lossio, cuando aún estábamos en campaña por la electoral municipal.

No sé hasta qué punto en Brasil se aplique o se ignore el concepto de neutralidad, pero parece que estas elecciones han sido todo un espectáculo para ese país. Escuché a una de mis profesoras, @jfowks, hacer un comentario sobre la relación de Rousseff y Lula, motivo por el que recojo este artículo de Le Monde que, como uno no siempre lo espera, expone ambas caras de Brasil y los intereses en juego con una de las economías europeas más mediáticas.

Nota: Todos los enlaces provienen de la entrada original.

Autor: Jean-Pierre Langellier
Tomado de: Le Monde – 01.11.10 – 17h34

Dilma Rousseff, 30 de octubre en Bélo Horizonte (Minas Gerais). AFP/VANDERLEI ALMEIDA

Brillantemente elegida el domingo 31 de octubre, la primera presidenta de la historia de Brasil, Dilma Rousseff, comenzará mandato de cuatro años el 1ro de enero del 2011.

Escogida por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva para ser su sucesora, “Dilma” —como le llaman los brasileros— ha prometido garantizar la continuidad política, diplomática, económica y social del actual gobierno. Es justamente esta promesa la que fue la llave de su victoria.

Lula le ha dejado un legado, reconoce ella, una herencia bendita. Un crecimiento económico de más de 7% para este año. Una tasa baja de pobreza y desempleo. Rentas provenientes de la exportación, la agricultura y la minería, en fuerte expansión, gracias a la particularmente buena resistencia de los escenarios mundiales. Un grueso cojín de divisas de 250 mil millones de dólares. Promesas de riqueza por el petróleo y el gas descubiertos en la profundidad del Atlántico. Un sentimiento de bienestar de gran parte de la población que puede gastar y consumir más. Y en el plano político, una mayoría pro-gobierno en el Parlamento, la cual le permitirá, si ella lo desea, reformar la constitución.

País emergente, dotado de la octava economía más poderosa del mundo, Brasil sigue siendo, en muchos aspectos, una nación del tercer mundo. Luego de su primer discurso de presidenta elegida, el domingo en la noche, en Brasilia, Dilma Rousseff reafirmó su principal compromiso: “erradicar la miseria”, “terminar con el hambre”.

Bajo los ocho años de reinado de Lula, la pobreza retrocedió notablemente. Sin embargo, el país aún cuenta con 30 millones de personas en estado de miseria, sobre una población de 190 millones. Hacen falta 5 millones de viviendas. Un tercio de brasileros no disponen de alcantarillado ni condiciones de higiene mínimas. Los servicios de salud son aún deficientes y son, frecuentemente, demasiado costosos.

EDUCACIÓN MEDIOCRE

La educación, el verdadero talón de Aquiles de Brasil, continua mediocre, especialmente primaria y secundaria, y evita formar la mano de obra calificada que el país necesita durante este periodo de crecimiento. La violencia urbana es una plaga alimentada por el tráfico de drogas. En general, Brasil es, a pesar de Lula, una de las sociedades más desiguales del planeta.

Lula mejoró la suerte de los más pobres. Pero, obligado, por gobernar, a cumplir con los compromisos permanentes con los partidos de oposición, no tuvo jamás los medios ni la voluntad de atacar a la corrupción, de combatir la burocracia o de iniciar una reforma política del sistema que considere particularmente la financiación pública de los partidos. ¿Dilma podrá hacerlo mejor?

Durante su gobierno, la presidenta también deberá modernizar las viejas y saturadas infraestructuras del país (carreteras, aeropuertos, puertos) para recibir al Mundial de Fútbol en el 2014 y los Juegos Olímpicos el 2016.

Antes del término de sus funciones, Dilma espera que Lula regule ciertos documentos pendientes, de los cuales uno le concierne directamente a Francia: la modernización de la fuerza aérea brasilera. ¿Confirmará Lula su elección por el avión Rafale, fabricado por el grupo Dassault? En todo caso, Nicolas Sarkozy ha sido, en la noche del domingo, el primer jefe de Estado en felicitar “muy calurosamente” a la nueva presidenta, celebrando que Francia y Brasil son “socios privilegiados”

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