Entre morado, violadores, cachetadas y conteos


En esta ciudad mitificada por Tupac Amarus que aparecen en la bandera nacional, mientras que una imagen católica se pasea mejor que cualquiera en un BMW, yo me tropiezo con la gente, los tubos de escape de los buses y leo periódicos a penas cuando me alcanza el tiempo.

Un día no tan cualquiera, me enteré que unos amigos de la universidad hicieron llegar un video a la CNN, que compromete a la máxima personificación del gobierno en una escena de violencia doméstica (bueno, al menos se ve el after de la supuesta cachetada). Tengo muchas dudas sobre ese videito, pero me agarra este pensamiento: ¡Qué grandes cosas puede hacer uno cuando está joven! Definitivamente son la prueba de que la mejor forma de hacer periodismo es meterle garra (y manosear con ganas) cualquier tema mientras no dependas económicamente de esa chamba. ¿Ironías de la vida? Pareciera que el periodismo es probablemente la única profesión donde la gloria puede venirle a uno de donde menos lo espera.

En otro universo pararelo están dos mujeres cuyas vidas han sido traducidas en números. Separadas (o unidas) por un 0.54% (o algo así) de votos, una de ellas canta victoria y la otra cree que está en un cuento de hadas. Ni los potos ni las perras podrán ayudarlas ahora. En otras noticias, los que pueden decidir si matar a una o dar a luz a otra deben estar en dos escenarios posibles: riéndose de los intentos por adoptar un acta, de todos los colores y procedencias (cual Angelina y Brad Pitt), o maldiciendo el día en que nacieron en un país donde la tecnología y la alfabetización digital no son suficientes como para que el sistema binario se haga cargo de todo.

En el planeta Mojón de esta ciudad (joder con la contradicción geográfica), en una casa de buena familia, con un padre y una hija fiscales, se escondía un energúmeno con cara de tío marihuanero que alegaba haber violado “hasta donde él tiene conocimiento” a “sólo” 13 mujeres menores de edad. “Es una venganza hacia mi familia”. Claro, es bastante obvio que si uno quiere vengarse de alguien se vaya a violar gente, ¿no? Démosle una medalla por méritos en lógica y epistemología. Apago la TV y pienso que la pena de muerte sería un milagro de ya saben quién, para estos casos.

Finalmente, está el morado. Es mi color favorito. Damn it, what can I do about it? En algún momento del miércoles 20 de octubre, este color se convirtió en la figura de la lucha contra la homofobia. Al parecer es para mostrar solidaridad por el suicidio de siete jóvenes que fueron hostigados por ser homosexuales (01:14 a.m.: a esta hora no estoy segura de nada). Me pregunto si este es el primer aniversario de ese hecho o si es que por ahí alguien se dio cuenta que los limeños podemos darle otra utilidad a este color, precisamente en octubre.

Solo quiero un milagro: un hígado más fuerte y menos ojeras. Sí ya sé, algunas cosas el dinero no las puede comprar. Para todo lo demás existe… Oh, no, eso no vale acá.

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