Mario Vargas Llosa y yo


Comienzo a escribir este post mientras escucho una canción de Taio Cruz, porque hoy es jueves, mañana es feriado (conmemoración del 131 aniversario del Combate de Angamos) y estoy en parciales. Taio Cruz me ayuda a sentirme en una disco, aunque no iré a ninguna hasta quién sabe cuando.

Hoy, sin embargo, no sólo es un jueves antes de un feriado que se repite cada año. Hoy es el día en que Google probablemente registró una sobrecarga de búsquedas de “Mario Vargas Llosa” a nivel mundial. Ese nombre, MVLL, se convirtió en trendic topic de Twitter en cuestión de horas. El presidente de este atolondrado país dijo que se hizo justicia, y todas las demás autoridades y figuras políticas expresaron sus felicitaciones, su orgullo de ser peruanos y haber conocido alguna vez a este novelista.

Por mi parte, nunca he visto a Mario Vargas Llosa en persona. Nunca fue a mi colegio, nunca me lo crucé en un café ni tengo ningún libro autografiado (tal vez porque todos los libros que tengo de su autoría son piratas y ya sería demasiado rochoso ir en ese plan a pedirle una firmita). Mario Vargas Llosa no me conoce, probablemente nunca lo haga y sé que no le interesa en lo más mínimo hacerlo. Este es, justamente, un indicador de cuándo alguien se ha convertido en un buen escritor: cuando es capaz de dejar huella hasta en las personas cuya existencia menos se imagina.

De 60 años de producción literaria, debo confesar que he leído tres de sus novelas: el clásico Los Jefes-Los Cachorros, La tía Julia y el escribidor y Conversación en la Catedral. Usé muchos de los cientos de artículos que ha publicado en revistas y periódicos para mis clases de redacción y argumentación cuando ingresé a la universidad. Aprendí que ‘pendejo’ no significa lo mismo en Argentina que en Perú, que se puede ser sensual sin ser pornográfico, que los diálogos cuentan historias por sí solos si los sabes escribir bien.

Cuando leí Elizabeth Costello, de Coetzee, también leí la crítica que le hizo MVLL, y me di cuenta de la seriedad con la que él considera su idea de la literatura. No es un chiste ni un pasatiempo: es una forma de vida.

Qué rico sería que más peruanos tomáramos nuestra forma de vida con tal pasión y disciplina. Qué rico sería sentir que puedes ser retribuído en la misma medida en que le pones punche a lo que haces. Qué reconfortante sería entender que no deberíamos andar por la vida porque ya, porque algo tenemos que hacer para ganarnos el pan, sino que siempre hay “más”. ¿No sería el paraíso que uno pudiera desarrollar sus talentos, artísticos o de cualquier índole, y crecer conforme se fortalecen esas habilidades?

Es una realidad que muy pocos tienen la suerte de disfrutar. Este Nobel ha demostrado, este jueves cualquiera, que todo eso es posible. Muchos podrán decir que el criterio para otorgar este reconocimiento tiene antecedentes controvertidos (por haber sido concedido a uno y no a otro), pero creo que se está perdiendo el punto de lo que representa. Este día demuestra que la literatura empodera: tiene repercusiones, es capaz de dejar huella y alterar las perspectivas de otros. No es una pérdida de tiempo, es una inversión.

Mario Vargas Llosa y yo tenemos sólo una cosa en común: ser peruanos. ¿Es suficiente motivo para alegrarme de mi nacionalidad porque haya ganado el Nobel de Literatura? No. Yo no me siento ni más ni menos peruana por eso. Siento, sin embargo, alegría de que con este premio, muchos otros sentirán la curiosidad de leerlo.

Porque fue a través de su obra que comprendí muchas cosas de este país que me resultaban grotescas y hasta repudiables. Viví las decadencias y los placeres de personajes imaginarios, tan humanos como yo. Con suerte, una renovada difusión de su obra dejará que otros ávidos de “más”, rebeldes y hartos de andar “porque ya”, vean el mundo a través de otros ojos.

Desde este rincón, tan sólo quiero decir qué gran huella estás dejando, MVLL. Si sientes vergüenza por recibir un reconocimiento que nunca le fue dado a Borges, piensa que en él vive también a través de tu obra, así como tú vivirás en la obra de nuevas plumas.

Puede ser que hoy algunos sintamos que “es hora” de hacer algo para que esto no quede sólo en portadas de periódicos. Esa “hora” siempre ha estado ahí. Nosotros sólo estamos dejando que nos pase de largo. ¿Estamos dispuestos a seguir dejándola pasar?

¿En qué momento se jodió el Perú?

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3 pensamientos en “Mario Vargas Llosa y yo

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