A propósito de lo obsceno


Esta semana, mucho se ha estado hablando  de Belmont, lo obsceno y lo decente, la prensa y los semidesnudos en las portadas de periódicos que –perdón pero no me perdonen– son una cochinada y no deberían existir.

Navegando por caminos caletas en la Internet, me topé con este post de una colega. De los mejores que he leído. No tiene mucho que ver con el concepto de “lo obsceno en la prensa”, pero sí con la concepción de lo que la sexualidad y su exposición (deliberada) conlleva.

Con ustedes, Raiza:

martes 22 de junio de 2010

Libérate

“El sexo raramente ha sido simplemente sexo.”
– Shirley Mc Laine

Libertad sexual no es solamente vestirte con una mini falda e irte con el chico que conociste esa noche a un telo. No es tampoco tener tu firme y diez trampas. La libertad sexual no es una expresión del cuerpo, sino de la mente. No eres libre por ser put@, ni eres put@ por ser libre.

Tú hombre, “macho que se respeta”, que no puedes abrazar a tu amigo ni darle un beso por temor a ser etiquetado de homosexual, que tienes que reafirmar ante los otros “machos alfa” tu masculinidad estando con muchas mujeres, que tienes miles de años pagando por sexo, que tiemblas si una mujer te enseña que hacer en la cama. Tú, ¿eres libre?

No concierne solo a las mujeres y los homosexuales liberarse del discurso retrógrado y machista de nuestra sociedad. Una persona debe vivir su sexualidad como quiera, asumiendo los riesgos que viene con ella. No hablo sólo de hombres y mujeres promiscuos. Porque el sida y un embarazo no son todo lo que te puede pasar. Esto va desde las mujeres que fingen orgasmos porque nunca se atrevieron a experimentar, hasta los hombres infelices que nunca se atrevieron a salir del closet.

No es solo la mente masculina la que tiene un discurso machista. Las mujeres que critican a otras mujeres por sentirse a gusto con sus cuerpos o con el sexo – tal vez porque hacen lo que ellas no se atreven – y que dudan totalmente de la masculinidad de un chico porque tiene las cejas depiladas contribuyen a la sobrevivencia de un discurso opresor.

El educador mexicano Abel Pérez Rojas dijo en los ’70: “Defender el derecho de elegir la preferencia sexual no es un asunto exclusivo de las lesbianas y los homosexuales, es un asunto que compete a todos.” Porque todos somos parte de las muertes y violaciones que ocurren día a día en nuestro país, porque desde que justificas que le metan la mano a una flaca por usar minifalda o te asombras y niegas con la cabeza al ver pasar a alguien vestida así, estás contribuyendo a esto.

Resulta anacrónico que las mujeres sigamos pagando el precio de nuestra libertad sexual. Pero resulta más anacrónico que mentes de este siglo sigan pensando que es como tiene que ser. ¿Qué le vas a decir a tu hija – cuando tengas una hija – que se subió en short a la combi y el cobrador le toco las piernas? “¿Que te quejas, mira cómo te vistes?” ¿Y cuando la maten por cometer la estupidez de irse con un desconocido a un hotel te resignarás a que la ley “sea letra muerta” porque la realidad no se puede cambiar?

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