Romances públicos


'Romper' puede ser más marketero que 'estar'.

Entre tanto alboroto por el ‘caso’ Olmos, los vecinos de San Borja y el Hospital del Niño, el tráfico horroroso de Lima y las inauguraciones de diversas unidades escolares, hoy resaltó una noticia peculiar:

Christian Meier y Génesis Rodríguez terminaron su relación

En Twitter, una entusiasta @valiabarak se tomó el tiempo de postear lo siguiente:

Revisé -como me lo dicta mi sentido común- algunos diarios para confirmar el chisme (a pesar de que decía “confirmado”). Obviamente, ya no me sorprendió ver que El Comercio, Perú21 y La República también tenían su respectiva notita sobre este ‘caso’ con fotito incluida.

La cantidad de comentarios sobre esta ‘noticia’ pasa la cincuentena. Como es de esperarse, los comentarios están llenos de patas celosos (y ahora felices) porque Christian perdió con lo que ellos nunca tendrán (una novia veinteañera-actriz-extranjera-famosa) y demás personas cuyos comentarios más resaltantes son: “a kien le importa?” y “condecoremos al Puma”.

Como sé que no existe poder en el mundo que evite que notitas como esta circulen en la prensa (que no existan sería como romper con el orden ‘natural’ de las cosas), me queda quejarme y hacer preguntas tontas.

El romance, relación o lo que sea que tenían Génesis y Meier es cosa de todos los días. Una persona de más de 30 con una de 18 o de 20 no es algo para sorprenderse. Que sea tabú o nos dé roche hablar de eso es otro asunto. Que no haya estadísticas que lo prueben no significa que no esté ahí.  Qué una relación así sea vista con incomodidad por los demás es también otro rollo. No debería sorpredernos porque -no nos hagamos los ‘correcto’s- que un hombre de más de 30 haya dejado a la esposa  por la veinteañera es, para ser sinceros, casi lo más lógico que podría existir en la mente de cualquiera (ya, señoras y señoritas, no se hagan las santas, que también harían lo mismo si no fuera porque todos somos machistas).

Esta notita demuestra que si no se ama, pues se deja de amar y punto. Ah, pero que no se te olvide llamar a la prensa y comunicarlo. Porque si no te funciona la publicidad mientras estás comprometido, qué mejor idea que sorprender a todos con un rompimiento, ¿no?

Pero, ¿si terminaron en buenos o malos ‘términos’, hace alguna diferencia? ¿Si estuvieron un mes o cinco años, cambia el rumbo de nuestras vidas? ¿Si en lugar de terminar se casaran, estaríamos todos más tranquilos?

Sí, yo sé, preguntas tontas con respuestas fáciles. Bueno, Meier y Génesis lograron su cometido: se hicieron publicidad y se quitaron el estrés de estar juntos. Eso es lo que se llama ser inteligentes y es la ventaja de tener un ‘romance público’ (sea lo que sea que eso signifique). Ahora van a estar perseguiéndolos para que digan algo, les harán seguimiento para ver si están saliendo con alguien más y Magaly se burlará del ‘viejo’ y felicitará a la ‘chibola’. O simplemente quedará en nada. Ojalá suceda esto último.

Un pensamiento en “Romances públicos

  1. Nos inquieta más la posible aserción de que la autora se hace la santa (respecto a ti, también es una cosa de todos los días). Negar nuestro machismo es una buena forma de darnos cuenta que nos gusta reírnos de lo prohibido (difícil que esté permitido no tener en mente que ella(s) puede(n) aprender a cocinar, mientras nosotros siempre aún no; además, ella(s) es(son) la(s) que busca(n) estar delgada(s)); afirmarlo, también es otro tipo de humor (nosotros sin depilar en la cima de lo más alto, mientras abajo excavan y así escapan de un meteorito a punto de caer, así como a los dinosaurios). Sobre amar y punto, no nos parece; no tiene por qué ser tan corto (la cuestión del tamaño es una cosa más personal). El hacerse el correcto y la santa (nótese los géneros a mano cambiada) no es la única forma de ser consecuente con lo que no se dice (también existen los paréntesis como este, los anteriores, los siguientes y los que uno acuerda con su pareja). Por supuesto que la ruptura de ese romance público nos cambia la vida y nos importa (desde ya queremos hacer periodismo de espectáculos; quienes nos conocen sabrán que nuestra respuesta no es sencilla). ¿Ser feministas es la solución? Si acá somos machistas, de todos también es el problema. Y, por final de este inventario, a nosotros nos encanta hacernos todo el tiempo (si no, ¿cómo hacerlo en un romance, algún día, público?).

    Dar por explícito o no todo esto queda por libre elección. Hemos ignorado lo explícito en las parejas de 30 con una de 18 ó 20 porque ya lo estamos mencionando sin decir más que lo estamos haciendo (razones hay de sobra, ¿no es cierto?).

    No queremos continuar con otra alusión porque, suponemos, nadie aquí ha tenido un romance público (aún no hemos contado adornos).

    Te deseamos buen provecho, aunque no necesariamente se te enfríe (lo preparado ayer se come rico de día).

    Atte.

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