Para los que no vivimos el terrorismo


¿Tiene el Perú oficial el derecho de reclamar de esos hombres, a los que con su olvido e incuria mantuvo en el marasmo y el atraso, un comportamiento idéntico al de los peruanos que, pobres o ricos, andinos o costeños, rurales o citadinos, participan realmente de la modernidad y se rigen por leyes, ritos, usos y costumbres que desconocen (o difícilmente podrían entender) los iquichanos?

Mario Vargas Llosa

Contra viento y marea, 3 (1964-1988)

Informe sobre Uchuraccay

Oh, la Guerra. Tan seductora para los más débiles.

Oh, la Guerra. Tan seductora para los más débiles.

Hace dos días, en el año 1992, la Policía Nacional del Perú capturó a Abimael Guzmán.  Odiado y querido, defendido e injuriado, capturar a Abimael en los 90 significó para el Perú cortarle la cabeza al monstruo de más de mil cabezas que azotó a Costa, Sierra y Selva.  Significó acorralar a los culpables de las muertes, las violaciones, las olas de emigración al extranjero, la falta de luz, la falta de confianza en los provincianos. Significó terminar con la época en que los militares también cometieron abusos, tan recordados como los de Sendero para unos más que para otros. Significó que ahora el Perú ya no sería un pedazo de tierra del que todos quería irse y a donde nadie quería venir. Otra vez, los peruanos volvían a tener su destino en sus manos.  ¿Tenemos, ahora, ese destino aún en nuestras manos?

Para las generaciones del 88, SL se nos presenta con una imagen borrosa de los apagones en casa, los llantos del tío, la tía, la mamá; las noticias en la tele, en RPP, y uno que otro sonido estremecedor que nos hacía preguntar al adulto más cercano “¿por qué suena como que explota algo?” Sendero Luminoso y las grandes colas de la inflación aparecen como vagos recuerdos que no podremos contar jamás como lo cuentan los hermanos mayores o de generaciones anteriores al 80. En el colegio [como el mío, del Estado] nos enseñaron que Fujimori construyó ese techo que tenías para que te proteja de la lluvia mientras estudias, que Abimael era un demonio, que sin las rondas campesinas la Sierra se hubiera ido al carajo, que sin Fujimori (siempre él) hubiéramos muerto de hambre por la increíble inflación a la que nos sometió Alan y que nunca hubiésemos sabido lo que es el libre mercado si Sendero nos hubiera “conquistado”. Así aprendimos muchos jóvenes del Perú. Así de mal cultivaron nuestro espíritu analítico. Y eso que estos son los recuerdos más afortunados de los que asistieron a clases. Otros, optaron por la aventura (ciertamente, más divertida) de tirarse la pera en las clases de Historia. Muchos otros más, apenas si terminaron la secundaria en colegio no-escolarizado.

¿Cuánto de nosotros –sí, nosotros que veíamos Nubeluz y vimos poco de Yola—hemos averiguado realmente lo que sucedía en el Perú [o se pensaba que sucedía] antes de Tarata o Uchuraccay? ¿Cuántos de nosotros sabemos dónde queda Uchuraccay?

Partido Comunista Peruano, José Carlos Mariátegui, Izquierda Unida, Hugo Blanco, Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, Partido Nacionalista Peruano, Ollanta Humala, Antauro Humala, el VRAE… Todo nos suena a lo mismo. A pesar de que todos son, han sido, y serán diferentes. Aprendiendo las leyendas y las historias de esta época tenebrosa, sin embargo, parece que en realidad aprendemos una lección contraproducente: la historia del Perú parece una constante de conflictos entre todos que amenaza ser cíclica para siempre. Que los conflictos sociales estarán siempre ahí (como siempre lo han estado) y que la única razón por la que ahora sabemos que existen es porque tenemos más acceso a la tele, la radio, la Internet y los periódicos. Por lo tanto, no hemos solucionado nada y todo sigue igual. ¿Será cierto?

Creo que algo importante para recordar, y no volver a vivir, es que ser indiferente es la semilla de toda desgracia. Vivir pensando que —después de Sendero y las muertes en Bagua— el Perú sigue siendo el producto del choque entre lo andino y lo costeño, olvidando nuevamente que le asignamos un papel secundario a la región más grande el Perú [sí, la Selva] nos mantendrá siempre en una reducida visión de nuestro país. Seguir consintiendo la corrupción, la abulia burocrática, y la falta de solidaridad, nos seguirá diezmando más que si nunca se hubiera encarcelado a Abimael. Y, lo más importante, que mientras menos curiosidad tengamos por la Historia de este país, más nos condenaremos a andar en círculos.

No se trata de moralismos. No se trata de tomar posición política o religiosa. Se trata de querer vivir sin volver nunca más a sentir que nos alejamos tanto los unos de los otros como para dejar que una sarta de gente nos diga que la lucha (claro, la apasionante y excitante lucha) nos hará libres.

Si tan solo la verdad nos hiciera libres.


Los que sí fueron a clases de Historia:

NZ: 17 años después

4 pensamientos en “Para los que no vivimos el terrorismo

  1. Pingback: Anularse en las elecciones « Con y Contra todos

  2. Por eso hay una gran responsabilidad sobre en el periodismo: hacer memoria de tiempos que muchas personas ni siquiera saben que sucedieron. Pero ojo que al final la educación es la base de este embrollo, habría que empezar por allí.

    Buen texto, como siempre. Ya me estoy volviendo hincha.

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