La mirada peruana y extranjera de la violencia en Puno


Fuente: losandes.com.pe

A tres días de haberse publicado el Decreto Supremo 032-2011-EM, que cancelaría las actividades mineras en Huacullani y Kelluyo (Chucuito), en Puno, podemos mirar un poco en retrospectiva sobre cómo se ha llevado a cabo la cobertura de estos terribles hechos. Un saldo de seis muertos, inmuebles dañados y actividades turísticas estancadas son solo algunos de los escenarios que las noticias nos hicieron vivir la semana pasada.

¿Malentendidos?

Entre el 24 y 25 de junio, la violencia llegó a límites condenables. El viernes 24, Huffington Post  reportaba seis personas fallecidas y 30 heridas. El reporte original provino de Associated Press, incluyendo las declaraciones del director de Bear Creek, Andrew Swarthout, quien refirió que cualquier intento del gobierno de cancelar el proyecto [minero] sería ilegal y calificado como “expropiación”. El pequeño detalle que nadie ha mencionado sobre el DS 032-2011-EM es que la compañía Bear Creek —inversores del proyecto minero Santa Ana—, no ha sido notificada formalmente aún sobre la existencia de dicha medida. Sigue leyendo

Barrios, Wikileaks y Facebook


Último día del penúltimo mes de la primera década del siglo XXI. A pocas horas de comenzar un nuevo día en la contaminada, insegura, casquivana y — a veces, solo a veces — entretenida ciudad de Lima, es necesario hacer un pequeño recuento de lo que ha sido noticia y lo que no. De por sí todo es susceptible de ser noticia, especialmente la portada de ayer de El Trome (oh sí, me encantó ver a Shirley echada en una camilla y la flecha amarilla que dirigía mi mirada hacia la equimosis de una de sus piernas).

En otros mundos paralelos, asistí a varios eventos de la PUCP sobre gobernabilidad, política anticorrupción, la relación de la prensa y el derecho (leáse, evento que dejó muy bien parado a la Facultad de Derecho y miniaturizó la capacidad de organización y producción de la especialidad de periodismo de esta universidad), y otras dos conferencias más que ya ni me acuerdo. De todos ellos, creo que puedo sacar una arriesgada, campechana y breve síntesis: los claustros académicos son, definitivamente, el mejor lugar para perderse en cavilaciones que, de no ser enfocadas y dirigidas apropiadamente, terminarán pareciendo sueños en lugar de tranformarse en acciones. Tanto de bueno hay, pero a la vez hay tan poca voluntad y recursos para hacerlo. “Es más complicado que eso”, me dirán algunos. ¿No será que nosotros somos los complicados en vez de que eso o aquello lo sea?

Sin desmerecer algunas exposiciones y conferencias sobresalientes como las de Farid Kahhat, Rolando Luque, Augusto Álvarez Rodrich, el Consejo de la Prensa Peruana, el IPYS y de dos abogados — cuyos nombres lamentablemente no tengo a la mano — todo lo demás me pareció, como de costumbre, demasiado ceremonioso y de poca compenetración con el público. Pronto pondré algunos apuntes que, según mi miope visión con lentes de contacto, considero importantes (con fotito y todo el asunto).

Corrupción, Wikileaks y dibujos animados

El lío de Fernando Barrios [makeover de médico a policía] y las carlincaturas han sido, definitivamente, el tema de estas últimas dos semanas. Qué sería de los periódicos sin esa sección tan pequeña pero significativa de humor gráfico. De seguro que seríamos todos maniaco-depresivos (sin ofender a quienes puedan estar en esta condición… Ya me entienden). La corrupción es sin duda, uno de los temas con los que he tenido que convivir este último mes. Lo más curioso es que, existiendo estudios como éste, nadie la tiene clara (o nos la quieren hacer, como siempre) sobre si la Contraloría, el periodismo, la Defensoría, el Poder Judicial, el OCMA o Tongo son los responsables de este asunto.

En lo que a mí concierne, hasta yo soy culpable.

Luego tenemos a Wikileaks y sus espeluznantes avalanchas de documentos infiltrados. Con el video Collateral murder que salió en abril, he pensado que tendría que encerrarme un par de semanas para realmente disfrutar de ese contenido (en el sentido periodístico que puede involucrar ese disfrute). Esta genial infografía de The Guardian la dejo acá para no olvidarme de lo que tengo que hacer en diciembre sobre asunto:

Se rompió la burbuja

Por último, tenía que haber publicado un post sobre activismo web (¿2.0?) hace muchísimo tiempo (todavía está a medio terminar), pero no puedo evitar pensar en cómo a veces las iniciativas de las campañas pro o en contra de algo en Facebook terminan perdiéndose entre el furor de sentimientos no esperados de los que se van sumando a la campaña.

Esta página prácticamente vacía, donde el objetivo es “No ver fotos/caras en Facebook, sino una gran invasión de recuerdos de nuestra niñez.CONTRA LA VIOLENCIA INFANTIL”, donde no se publica ninguna otra información o forma de colaboració n in the actual reality relacionada a la lucha contra la violencia infantil me parece totalmente desubicada sobre cómo, al menos, tratar de lucir algo útil en contra de esta terrible situación en el Perú.

Imagino que en ese espacio a casi nadie le importa realmente la violencia infantil sino comentar sobre sus fotos de los dibujos animados. Al menos la página de Facebook sobre este tema dice bien claro que es un juego. Felizmente es así, porque si eso fuera todo lo que se puede hacer en contra de esta penosa realidad, dónde estaríamos.

The project

Estaré un poquito ocupada viendo un tema sobre salud y seguridad laboral en Lima. Por lo pronto creo que va por buen camino, al menos en cuanto a datos, pero faltará darle ese enfoque que @jfowks ha tratado de inculcarme durante este último semestre. Debo confesar que más claro que el agua no pudo haberlo demostrado en clase.

Dejo este videíto, que es más o menos lo que motiva mi último trabajo de este ciclo:

Conversatorio: Todos Vuelven


El miércoles 14 fue un día para recordar cómo es que llegamos hasta donde estamos hoy.

Yo tenía como unos 11 años cuando sucedió. Obviamente no entendía la envergadura del problema, pero tuve suerte de que hubo gente a mi alrededor que me lo explicó en la medida de lo posible. El vladivideo Kouri-Montesinos marcó un antes y un después en la historia de la política peruana y en la vida de todos los peruanos. Muchos fueron detenidos, acusados falsamente, acusados justamente; mientras otros tantos escaparon y comenzó el vía crucis de las extradiciones.

Diez años después, más consciente de esa parte de nuestra historia -aún con cabos sueltos, pero ahí vamos-, me encontré en un lugar con un grupo de gente que entendía la importancia de no olvidar el pasado para comprender el presente y planear el futuro. Keko Bar de Barranco fue el punto de encuentro. Monseñor Luis Bambarén, el maestro Víctor Delfín Ramírez, Giancarlo Navarro y Martín Soto fueron los invitados a hablar sobre un tema que no debería pasarse por alto: la lucha contra la corrupción y qué demonios hacer para cambiar nuestro panorama político.

El DL 1097, 1096, 1095 y 1094 han probado un aspecto muy importante del ejercicio de la ciudadanía: es posible reaccionar, hacer circular información y poner temas en agenda sin necesidad de la violencia. Con presión mediática, de colectivos civiles y marchas, se ha hecho posible involucrar a jóvenes (y no tan jóvenes) a pronunciarse en contra de la impunidad y el abuso de poder. Aunque todavía no se ha logrado la derogatoria de todos los decretos, al menos una parte de la prensa le está haciendo un seguimiento pertinente.

Los expositores dejaron a la audiencia renovadas energías. Tanto así que al fin pude terminar este post. Que hablen los que saben:

Otros que no quieren que todos vuelvan:

Entrevista a Giancarlo Navarro (Número Zero)

MVLL renuncia a comisión de alto nivel (IDL-Reporteros)

Cronología de la derogación del DL 1097 (Desde el Tercer Piso)

El Tribunal Constitucional: lugar no apto para incautos


El Tribunal Constitucional (TC) es uno de los órganos autónomos del Estado que tiene el poder de invalidar leyes cuya base interpretativa de la Constitución no esté siendo aplicada correctamente. Está conformada por siete magistrados, los cuales son elegidos por el Congreso para estar a la cabeza de esta institución durante cinco años. Para que se pueda hacer una elección “limpia” y democrática, se debe contar con el voto favorable de dos tercios de los parlamentarios. Desde hace un par de meses, el Congreso ha sido duramente criticado por su incapacidad de elegir a los dos nuevos magistrados que deben reemplazar a los salientes. Hasta la fecha, al menos ya eligió a uno. Las bancadas se dividen y proponen a sus propios candidatos, independientemente de lo que la Comisión Evaluadora —presidida por Humberto Falla Lamadrid— haya seleccionado. Ser magistrado no es una cuestión de broma, pero pareciera que para el Congreso el tema de la celeridad en la renovación de los mismos no es lo importante, sino ver qué candidato es el más conveniente para ciertos intereses políticos y personales.

Carlos Ramos Núñez

En un afán de poner su granito de arena a la sociedad peruana y, tal vez, mejorar la decadente labor del TC, el jurista Carlos Ramos Núñez se vio envuelto en un mundo de falsas promesas y pugnas políticas, así como también de algunas sorpresas que le dejaron algunas lecciones. Carlos es arequipeño y ha trabajado como docente en la Facultad de Derecho de la Católica desde el ’87. Es miembro de la Academia Peruana del Derecho y de la Academia Nacional de Historia. Dentro de poco viajará a Alemania como invitado para dar algunas conferencias. Tiene más de una docena de publicaciones, donde la más gordita de todas, Historia del Derecho Civil, le valió el Premio Internacional Ricardo Zorraquín Becú (2006). Se presentó como candidato al TC este año y perdió por 2 votos. Renunció irrevocablemente.

En el proceso, le pareció que los apristas le confiaron su voto, pero terminó recibiendo votos de los parlamentarios menos esperados. Walter Menchola se retiró de las votaciones por pensar que Ramos tenía vínculos con Alejandro Toledo, lo cual es totalmente falso. Todo esto terminó demostrándole que el universo de la política peruana es más impredecible de lo que se imaginaba. En esta entrevista, Carlos Ramos nos da un balance de su experiencia como postulante al TC, así como una dura crítica al desenvolvimiento actual de este organismo.

Karina Montoya (KM): ¿Por qué postular al Tribunal Constitucional?

Carlos Ramos (CR): Hubo dos circunstancias. Uno de carácter externo y otro interno. El de carácter externo tuvo que ver con una invitación que me hizo el presidente de la Comisión Evaluadora, Humberto Falla Lamadrid y que, entiendo, interpretaba el sentir de buena parte de los miembros de la comisión. El término de la presentación de documentos se cerraba un día viernes. Hasta la fecha, no se habían presentado juristas o abogados reconocidos. Eso había generado una gran preocupación de la opinión pública.

Entonces, optaron por hacer algunas llamadas telefónicas a algunos juristas. Entiendo que llamaron a Domingo García Belaunde y a Francisco Eguiguren. También me hicieron esa llamada. Sin embargo, ellos tuvieron el buen tino de no aceptar y yo acepté.

Desde el punto de vista interno, tiene que ver, naturalmente, con mi propia decisión. Consideraba, ya desde hacía un buen tiempo, que el Tribunal Constitucional (TC) se encontraba bastante cuestionado, no solamente por la calidad de sus sentencias —en el plano formal— sino también por lo discutible de sus sentencias, por lo controvertido de sus resoluciones —incluso en el plano de los contenidos.

KM: En declaraciones a El Comercio, usted atribuye la demora en las votaciones a “pugnas” en el APRA. ¿A qué pugnas se refiere?

CR: Justo hoy día [30 de junio], Humberto Falla Lamadrid, hace unas declaraciones en El Comercio tienen una gran importancia. Él señala que la comisión evaluadora hizo su trabajo. Debo reconocer que hizo un trabajo impecable. Además, los candidatos seleccionados que quedamos en orden de mérito —yo, el Doctor Miranda Canales y el Doctor Urviola— fuimos entrevistados por los distintos grupos políticos y por la Cédula Parlamentaria aprista.

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El caso de Bagua: atrapado en la coyuntura


Entre la expectativa del Mundial África 2010, el holandés asesino, los MTV Movie Awards, el playoff the los Lakers y los Boston Celtics, los peruanos (o al menos un porcentaje de nosotros) nos vemos enfrentados-unidos por un tema que viene acechándonos desde hace unos días: el primer aniversario de la tragedia de Bagua. Entre Twitter, los periódicos y una Mesa Interinstitucional a la que asistí, surgieron unas preguntas: ¿cómo han respondido los medios escritos, televisivos y de la Web 2.0 a este debate? ¿nos sentimos tan lejos del tema como lo estuvimos hace un año? ¿es una exageración pseudointelectual el cuestionar, investigar y debatir una tragedia como la de Bagua después de tanto tiempo? ¿La Ley de Consulta Previa es ese GRAN paso hacia la compresión de la diversidad cultural que muchos buscan (buscamos)?

Parece que el escenario se encuentra dividido: están los que piensan que el gobierno cometió un crimen, por lo que son tildados de comunistas, izquierdistas, chunchos y demás exageraciones; por otro lado, están los que piensan que los nativos son seres sin conocimiento del ejercicio de ciudadanía, sujetos a manipulaciones, por lo que el ‘llamado a la insurgencia’ de Pizango fue el acicate que faltaba para que sucediera lo que ya todos sabemos. Hay un tercer grupo –o tal vez sólo está en mi imaginación– que piensa que el caso de Bagua fue el producto de un modelo de desarrollo excluyente, intereses político-económicos más fuertes que la voluntad (utópica) de querer invertir tiempo hablando con los ‘otros’ y el sentimiento de indignación de un grupo humano confundido pero con objetivos claros. Este es mi grupo.

El Perú se ha caracterizado, históricamente, por ser un país cuyos recursos naturales han sido (y serán) los que le han abierto la puerta a las economías del mundo. Fueron y serán el soporte económico de este país, y donde corre plata, corren intereses políticos. Cuando hay intereses políticos, el día a día de la gente ‘de a pie’ no le importa al gobierno, y el Estado se convierte en una enajenación extraña contra la que los ciudadanos deben protegerse. Los limeños y el gobierno central, ahora descentralizado, seguimos una lamentable costumbre –que me recuerda a la herencia colonial de la que habla Cotler– de pensar que el mundo gira a nuestro alrededor y que las jerarquías entre los que tienen poder y no son inamovibles. Si existe movilidad social, existe a pesar nuestro, no con nuestro pleno consentimiento.

Los sucesos de Bagua demostraron un intento de movilidad social (en el sentido sociológico de ‘subir’ en la estructura de estratos sociales) en la que los habitantes de una zona lejana de la capital quisieron ejercer su derecho a la ciudadanía. Ejercer ciudadanía significa moverse en la escala social, significar pasar de ser ‘nadie’ a ‘ser’, a existir. Si bien la Hna. Maricarmen Gómez mencionó en un evento en la PUCP que los pueblos nativos de la Amazonía han ganado ahora más notoriedad, ciertamente, el motivo por el que ahora son más ‘visibles’ no es garantía de que sean vistos como iguales por los que nos consideramos ‘ciudadanos de primera categoría’.

Los pueblo Awajún y Wampis, Puerto Galilea, Condorcanqui, Bagua Grande, todos son nombres que a muchos nos suenan extraños y poco familiares. En el Perú debe haber más personas que conocen EE.UU. de las que conocen la Selva. Que esto ocurra en ese orden, ¿está bien o mal? No es una cuestión de juzgar si uno debe conocer primero su país o algún otro, pero sí es una cuestión de aceptar que el desconocimiento geográfico agranda las distancias de imaginario colectivo entre todos.

Bagua ¿En dónde estamos? Oh, todavía estamos en Perú

El saldo de muertos, entre policías y civiles, la cobertura parcializada y sensacionalista, los adjetivos peyorativos y todo lo que vivimos mostró lo peor de nosotros. Pero este horror también fue motivo de unión entre etnias amazónicas que, tal vez, nunca se hubieran reunido por no ser que existía un objetivo común; por otro lado, diversos periodistas iniciaron sus propias investigaciones, incluyendo a antropólogos, sociólogos, dirigentes de comunidades amazónicas, etc., como quien ya estaba cansado de lo mismo que los medios capitalinos nos daban: más violencia para más rating, lectoría o tráfico en la Web.

Después de toda historia, vinieron las críticas, los estudios, las marchas, etc., etc. Se derogaron los decretos y todo quedó ‘en paz’. Hasta que llegó el aniversario. No hay nada de malo con los aniversarios. Al contrario, no solo debería hacernos recordar lo vergonzoso de la cobertura periodística, de los políticos, de los nativos que participaron en el asalto a los policías, de la policía, sino que debería descargar la gran responsabilidad de tomar inciativas concretas para que esto no se vuelva a repetir. Y esa responsabilidad, si bien recae en todos, pesa más sobre los decisores de políticas de desarrollo para este país. Porque hay que aceptarlo: sin iniciativas concretas, planeadas para ser efectivas a mediano y largo plazo,  el caso de Bagua seguirá teniendo aniversarios donde ya no se cante el himno nacional en Amazonas y seguirá atrapado por la coyuntura misma de su propia conmemoración.

***Por cierto, el gran titular de la prensa hoy fue que el asesino holandés golpeó su cabeza contra la pared. ¿Somos grandes, no?***

Unos videítos del jalón de orejas de @jfowks a todo el Perú:

Videos y noticias relacionados:

Maricarmen Gómez da sus impresiones sobre este caso en la PUCP

El gobierno en su intento por resarcirse con las familias de los policías

La polémica de nunca acabar de Pizango

Hernando de Soto propone una solución

El arte de la intervención urbana en el aniversario de una tragedia

Alan García: cuando la conchudez se alucina la heroína del cuento


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Alan y su “indignación”. Foto de La República.

APARENTEMENTE, ya no se robaron el pulmón de la exhibición del Cuerpo Humano. Susan Hoefken, supuestamente, armó toda una farsa para que esta exhibición llamara la atención y hubiera más visitantes a la exposición. Esta táctica, evidentemente, fue demasiado ingenua como para pensar que la gente iría a ver  una exposición donde van rateros [generalización errónea, pero son cosas de la publicidad], o donde el precio está como quien va a una discoteca [pero sin licor, lo cual le quita todo el encanto].

Entonces, por ahí aparece Alan García, que se pronuncia acerca de todo (entiéndase por todo: la muerte de cantantes y la mentira de la virtualidad real de las redes sociales) menos sobre lo más importante para decir que esta señorita  debería renunciar a la nacionalidad peruana.

Dizque ha habido daños a la imagen del Perú en el exterior, como si el robo del pulmón hubiese borrado el hecho estadístico de que somos unos de los países exportadores más grandes de cocaína, o que nos recuerden por haber sido el país que dejó crecer el odio hasta permitir que una aberración como Sendero Luminoso vea la luz,  o como si la costumbre de hacernos “los vivos” ante cualquier ley no sea nuestra fama por antonomasia. Es como decir que robar el pulmón de esta exhibición nos hubiera hecho perder a un grupo de inversionistas para explotar alguna mina o algún lote de Camisea.

La idea de que un hecho aislado como este se convierta en un generalización no es realmente una consecución de ideas demasiado lógicas, sino el efecto de que cuando se repite en los medios de comunicación entonces significa que “eso” pasa todo el tiempo. Es como pensar que es más peligroso viajar en avión que en bus sólo porque cuando se cae un avión las pérdidas humanas son más dramáticamente cubiertas por los medios  que de si sucedieran en un bus interprovincial (bueno, esta es la excepción en el Perú, claro está).

Por eso digo que Alan García, aparte de ser conchudo por las declaraciones que ha hecho, contribuye a un pensamiento poco reflexivo sobre lo que significa “hacerle daño al país”. La imagen de un país no tendría por qué verse radicalmente dañada por un hecho aislado ejecutado por una persona en particular. La imagen de un país se transmite por sus medios de comunicación, por los peruanos que emigran, por los inversionistas que vienen, por el cuidado que el Estado le da a su aparato estatal, por la política que se maneja, etc.

Eso de “nacer de casualidad” nos hace preguntarnos, ¿acaso alguien es capaz de planear con total seguridad en qué lugar geográfico va a concebir a sus hijos? ¿Para ser peruanos honestos que no serían capaces de hacerle daño al país nuestros padres tendrían que haber dicho, “oh, hay que elegir el Perú para que nazca nuestro hijo”?

¿Qué diablos significa “eso es lo malo a veces de nacer de casualidad en el Perú”?

Ni a los de Sendero se les dijo semejante cosa. Ni se lo dijeron a Alan en los ochenta cuando llevó a un país entero a la pobreza. Decir semejante cosa tan solo es un patético ejemplo de cómo el orgullo de ser peruano y ser feliz se convierte en un nacionalismo conchudo que se alucina el bueno sin mirar la paja de su propio ojo.

Si Hoefken es culpable, pues que se la sentencie de acuerdo a ley. ¿Para qué emitir juicios desquiciados que contribuyen al odio innecesario?

Otra cosa más, ¿cómo es posible que Nicolás Lucar diga que la gente quiere linchar a Hoefken? ¿Tan salvaje nos cree?

Por último, ¿quién puede decir en qué país debió nacer uno u otro si las fronteras son tan solo convenciones sociales?

Hasta acá llega mi higadito.

Tonterías de Alan:

Lo que dijo sobre Hoefken

Como si nadie supiera que Toledo y Alan son amigos

Alan y los petroaudios

Alan García tiene un sueño: estar en el reality de Gisela